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La Influencia Anarquista en la Literatura Chilena Imprimir E-Mail

La Influencia Anarquista en la Literatura Chilena

SEBASTIÁN ALLENDE

 

Desde niño fui un buen lector, eso paliaba mis falencias en otras ramas del conocimiento humano. Como tal, el día de hoy, degusto con presurosidad cualquier texto de Gabriela Mistral, González Vera u Oscar Castro. Más ahora que conozco las militancias anarquistas de los últimos dos, aunque sin obviar que en Gabriela Mistral existe un espíritu pacifista, según mi juicio, de raigambre tolstoiana. (*)

Así, la influencia anarquista en nuestra literatura no es menor, mas sorprende su profundo desconocimiento. Aunque algunos literatos no hayan pasado de fugaces coqueteos con el socialismo libertario, como Víctor Domingo Silva o Carlos Mondaca, otros permanecieron sentados de por vida en la vereda anarquista, como Manuel Rojas o Mauricio Wácquez.

De igual forma, paralelo al sorprendente nexo entre creación literaria y anarquismo en Chile, es igualmente llamativo el desconocimiento de numerosos poetas que han caído, por distintos motivos, en las llanuras del olvido. Gente como Zoilo Escobar, Antonio Bórquez Solar o Manuel Magallanes Moure, son prácticamente  desconocidos para las nuevas generaciones, a pesar de la buena pluma con que contaban.

En lo que queda del escrito, realizaré un acercamiento, general, sobre el tema del anarquismo y literatura chilena de comienzos del siglo veinte, de ahí que denominé “apuntes” a este trabajo.

El Anarquismo en Chile: albor literario ácrata

Como tal, el anarquismo en Chile, comienza a emerger claramente a comienzos del siglo XX, con orgánicas de lucha, como Sociedades de Resistencia o centros culturales. Aunque, si bien el primero periódico anarquista chileno, “El Oprimido”, data de 1893, alcanzando la cifra de 8 números, estas experiencias no constituyen un asentamiento real del ideario ácrata en nuestro país. Sin soslayar el hecho de que anarquismo y socialismo marxista aún no llegaban a una clara diferenciación, y por lo visto en la prensa, los anarquistas criollos no tenían gran depuración ideológica, ni conceptual. No obstante esto, la realidad social de nuestro país por aquellos años, mucho más cruda que hoy, era el aliciente real para transformarse al socialismo, obviando la lectura de un teórico doctrinario, quizás bastaba con sentirse explotado y humillado. 

Así, la influencia libertaria no sólo se manifestó en el llamado “movimiento popular”, sino también en la esfera artística. 

Nombres como los de Carlos Pezoa Véliz, Antonio Bórquez o Alfredo Guillermo Bravo, también nutren la protesta social contra la oligarquía chilena, con las dagas de sus versos. A modo de ejemplo, tómese como muestra este pasaje del poema, inspirado en el fusilamiento de Jacinto Albornoz, “los pobres” de Bórquez Solar:     

 

“Entonces una santa compasión

Tuve yo por el pobre del banquillo

I pensé en las augustas redenciones

De todas esas almas de ojos ciegos

¡I vi que no era justa la justicia

Con los que crucifica la miseria!”

 

Por su parte, Carlos Pezoa Veliz en su poema, “Nada” alude a los personajes errabundos de los sectores postergados:

 

“Era un pobre diablo que siempre venía

Cerca de un gran pueblo donde yo vivía

Joven rubio flaco, sucio, mal vestido…”

 

Así, lentamente las vivencias de los miserables comienzan a hacerse un espacio en  la literatura chilena…vale aclarar que ese sitio siempre lo tendrán.

Ahora bien, frente la depuración estilística del género en boga-el Modernismo-la literatura anarquista chilena y latinoamericana, no se detiene mucho en cuestiones de estilo. Es más, así lo expresa la prensa criolla: “No buscamos laureles; buscamos el pan. No buscamos la engañosa sonrisa de una gloria ficticia, sino el bienestar de todos bajo la sombra de la igualdad de los hombres. Nuestra pluma será el látigo implacable que flajela vuestros vicios. Sociedad prostituida: ¡la hora llega!

No obstante aquello, pareciera existir cierta diferencia entre la prensa militante y la literatura de un Manuel Rojas u Oscar Castro, pues nadie achacaría a éstos, deficiencias estilísticas.

 “Canciones Ácratas” de POLICARPO SOLÍS

El escritor –y militante comunista-Andrés Sabella Gálvez, reedita en 1963, un compilado del zapatero libertario  Policarpo Solís, que este había publicado en 1904.

En esas dos series, aparecidas a comienzos del siglo XX, figuran los siguientes autores:

- Ada Negri “Pobre Mujer”

- Manuel Ugarte “los obreros”.

- Alberto Ghiraldo “La Comuna”, “Paris” y “¡Chicago!” 

- Salvador Díaz Mirón “El desertor”.

- José Santos Chocano “Invasión militar” y “desde la cumbre”.

- Simon Rodríguez “No matar”.

- Antonio Bórquez Solar “Los huelguistas”.

La reedición hecha por Sabella, merece palabras especiales, pues a pesar militancia comunista, su espíritu tuvo la virtud de la amplitud.

Y además, fuera de reeditar la publicación, Sabella adhiere poemas inéditos de Eduardo de La Barra, Abel González y Ricardo Fernández Montalva, que le entregó el mismo Policarpo Solís.

Decidí incluir este acápite, dado lo desconocido de este trabajo en nuestro país.

FRANCISCO PEZOA: Un Cantor Especial

Nacido en 1885, Pezoa, constituye quizás el poeta obrero ácrata más recordado en diversos círculos sociales. 

Oriundo del norte, su “canto a al pampa”, deviene en la voz de los obreros, mujeres y  niños muertos en la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de Diciembre de 1907:

 

“Canto a la pampa la tierra triste

réproba tierra de maldición

que de verdores jamás se viste

ni en lo más bello de la estación:

en donde el ave nunca gorjea

en donde nunca la flor creció

ni del arroyo que serpentea

su cristalino bullir se oyó

           

Hasta que un día como un lamento

de lo más hondo del corazón

por las callejas del campamento

vibró un acento de rebelión;

eran los ayes

de muchos pechos

de muchas iras era el clamor,

la clarinada de los derechos

del pobre pueblo trabajador

           

Benditas víctimas que bajaron

desde la pampa llenas de fe

y a su llegada lo que escucharon

voz de metralla tan sólo fue

baldón eterno para las fieras

masacradoras sin compasión

queden manchadas con sangre obrera

como un estigma de maldición.

           

Pido venganza para el valiente

que la metralla pulverizó,

pido venganza para el doliente

huérfano y triste que allí quedó:

pido venganza por la que vino

de los obreros el pecho a abrir

pido venganza por el pampino

que allá en Iquique supo morir”.

 

Sin duda, la respuesta de la élite nacional  a las peticiones obreras impactó al sector conciente del proletariado chileno, tal vez nadie esperaría tal ensañamiento con trabajadores que cumplieron prácticamente a cabalidad aquello que ordenaron las autoridades.

Así,  la voz de Pezoa supo representar la indignación ante brutal masacre.

Vale apuntar que su colaboración en la prensa ácrata fue fecunda, dotándola de una buena pluma, en poemas como “De vuelta al mitín” o “Anarkos”, desplegó su profunda creatividad. Contando, inclusive, con talento musical, pues muchas veces sus versos se acompañaban de una guitarra. 

Sin duda alguna, la figura de Pezoa debe suscitar nuestra atención, ante lo desconocido de su obra, tal vez su anonimato se asemeje al de tantos obreros muertos en las salitreras.

La influencia de LEÓN TOLSTOI

Para autores como Oscar Ortiz y Rodrigo Bugueño, el terreno artístico  nacional de comienzos del siglo pasado, estuvo marcado en el ámbito narrativo, por la influencia del ruso León Tolstoi.

De esta forma, el ideario anarcocristiano del conde Tolstoi, impregnó la literatura de autores como Augusto Dhalmar -Augusto Thompson- o Fernando Santiván-Fernando Santibáñez- y por antonomasia del grupo “Los diez”.

Así, el realismo ruso anidó fuerte en terreno nacional, es más fundándose incluso colonias tolstoianas, donde a la par de un estilo de vida vegetariano y acorde a la naturaleza, se buscaba experimentar en el ámbito de la creación artística.

En san Bernardo y bajo la concesión del alcalde  Manuel Magallanes Moure, se instala una comunidad de este tipo el año 1905, siendo sus precursores D`Halmar, Santiván y el pintor Julio Ortiz de Zárate.

Ahora bien, en un ámbito estrictamente literario, la influencia de León Tolstoi se ve plasmada claramente, según mi visión, en la primera publicación de Fernando Santiván, llamada “Palpitaciones de vida”, editada el año 1909.

Entre sus cuentos es posible entrever cierto desencanto con la urbe moderna, o en su defecto, con la vida moderna.

Al caminar por sus letras, se intuye un  profundo cuestionamiento de la existencia humana; en cuentos como “Días Grises”, “El juguete roto” o “El beso”, se vislumbra claramente lo anterior. Es más,  el propio autor define estas historias como “páginas abruptas y atormentadas”.

Y en cuanto a la valoración de Tolstoi, el cuento “El beso” pareciera ser el mejor ejemplo de aquello.

En éste, Santiván narra los recuerdos y cavilaciones del militar  Rafael Gomero Velasco, de manera muy similar a como lo hace Tolstoi en “La muerte de Iván Ilich”. Ambos personajes recuerdan sus primeros años como los más provechosos. Rafael, en sus vacaciones con su prima-amor imposible-Iván Ilich, los días de su infancia;  ambos experimentan, postrados, cierto desencanto en relación a cómo encararon la vida.

De igual manera, en un plano más social, el relato “era tan lindo”, se adentra en la vida de los conventillos, tan típicos del santiago de aquellos años.

Al igual que el “cristo ruso”, Santiván se adentra en la vida de los “humillados y ofendidos”.

En ésta, narra el encuentro de dos mujeres y su posterior conversación, en torno a la muerte del hijo de una de ellas; Desde mi posición, este cuento demuestra por qué Santiván años sería galardonado con el premio nacional de Literatura el año 1952.

Va tejiendo con prolijidad  esta historia que se vincula con los vientres amargos, aquellos que no alcanzaron a disfrutar con gozo, el fruto de sus entrañas. Mas, en un pasaje fulgura  la crítica social, una de las mujeres le pregunta a la otra:

“-y de qué murió-…

-¿de qué?... ¡de miseria!....-de miseria-prosiguió con voz ronca-falta de alimento, exceso de trabajo…angustia por el pan de cada momento…perdí la leche…”.

Por estos pasajes y muchas obras más, Fernando Santiván tiene un lugar especial, según mi juicio, en la literatura chilena.

Y ahora bien, en torno a su vinculación ideológica con Tolstoi, éste en sus “Recuerdos de Santiván”, confiesa en su “Advertencia” el alejamiento con las ideas de sus  primeros años, pero a pesar de esto, formula que vuelve a ellas al final de su vida, “por la experiencia y la meditación”.

La Generación del 20

La franja de tiempo que transcurre entre 1918 a 1925, según mi juicio, constituye un período álgido en cuanto a confrontación social se refiere. No por casualidad algunos  denominan “crisis de la sociedad oligárquica” a esta época. Por ejemplo, la creación de la Asamblea Obrera de Alimentación Nacional, en 1918, el asentamiento de la Industrial Workers of the World (I.W.W.) filial chilena el mismo año, constituyen elementos vitales si queremos entender no sólo el quehacer político de aquellos días, sino también la actividad artística de nuestro país.

Así, sin duda alguna, de las Pléyades literarias en la historia de la literatura chilena, la denominada “Generación del 20”, es sin duda alguna una de las más recordadas. Pues nos brindó plumas tan exquisitas e indelebles en nuestra historia, como las de José Domingo Gómez Rojas, José Santos González Vera o Marta Brunet.

JOSÉ DOMINGO GÓMEZ ROJAS: “El Cristo de los Poetas”

Nacido en 1896, Gómez Rojas cursaba pedagogía en castellano cuando la muerte salió a recibirle tempranamente, a los 24 años de edad.

Otro integrante de esta generación, Manuel Rojas, comenta que fue Gómez Rojas quien le incentivaba para que se dedicase al oficio de escribir. Mal no le fue.

Como tal, el año 1914 Gómez Rojas publica su única obra, “Rebeldías Líricas”, desde donde emana una sensibilidad digan de rememorar, tómese como ejemplo este fragmento de “Los inmigrantes”:

 

“Pobres desheredado….! La fortuna

Nunca meció la miserable cuna

Donde arrullásteis vuestros sueños de oro

Y siempre vuestras frentes macilentas

Azotaron las ansias, las tormentas.

De aquella sed de conquistar tesoro.

Marcharéis al azar de los destinos

Por los ignotos, trágicos caminos

Que os señala la traidora suerte…

¿Quién sabe si al partir, aventureros

Habéis clavado del dolor aceros

Y habéis sentido el estertor de muerte?

¿Verán vuestras pupilas, qué paisajes?

Al dejar el terruño y los parientes

¿No habéis sentido acaso en vuestras fuentes

El vértigo fugaz de los mirajes?

Al imponeros voluntario exilio

¿No dejaréis atrás algún idilio

Y una mujer que por vosotros gima?

¿No dejaréis una querida hermana

Y una madre infeliz, ya triste anciana, 

Que en el amor del hijo se sublima…? 

 

¡Cuán lejano es el espíritu de Gómez Rojas, en comparación con el de muchos obreros chilenos que culpan al inmigrante peruano de su mal pasar el día de hoy!

De igual manera, válido es mencionar su aparición en “Selva Lírica”, “Estudio sobre los Poetas Chilenos”, realizado en 1917, con el seudónimo de Daniel Vázquez

Gozando de una excelente reputación entre quienes le conocieron, Gómez Rojas se recuerda hasta el día de hoy en nuestro país, incluso una plazoleta lleva su nombre al frente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile.

Sin olvidar que autores como Andrés Sabella y Manuel Rojas, lo reivindicaron como una pluma descollante de su época. Es más, el segundo expresa en un plano más bien afectivo: “A pesar de que llevó una vida agitada y murió de modo dramático, los recuerdos que de él conservo son alegres y tiernos”.

JOSÉ SANTOS GONZÁLEZ VERA: “El Chéjov del Mapocho”

Otra gran pluma de la “generación del 20”, fue, sin duda alguna, José Santos González Vera.

Nace el año 1897, en San Francisco del Monte, cerca de Melipilla.

Su vida, jamás fue cercana a al abundancia, es más conoció innumerables conventillos en las calles de Santiago.

Su primera obra, “Vidas Mínimas”, data de 1922. Para autores como Enrique Espinoza, esta es la primera en abordar abiertamente el tema del proletariado chileno.

Así, con José Santos González Vera es posible vislumbrar, según mi juicio, el entronque de la literatura social chilena y el anarquismo.

Una de las características narrativas de González Vera, fue su economía de palabras, el estilo minimalista, “Alone”, lo describe perfectamente: “A su temperamento  no le correspondía la pasión, desdeñaba el énfasis, desconocía las grandes palabras, la expresión pomposa”. 

Ahora bien, en un plano ideológico, como anarquista, González Vera fue bastante prolífico, junto a su eterno amigo Manuel Rojas, escribió en “Claridad”, “Numen” y  “Babel”, un sin fin de Crónicas y cuestionamientos sobre la realidad chilena.

Gabriela Mistral, así se expresa en torno al autor: “Uno de los chilenos más cargados de chilenidad en sus temas y, a la vez, uno de los chilenos más liberados del espíritu y de la letra locales, criollos”. Más adelante comenta: “Se premia en él algo nada popular y nada criollo; un alma inconforme, una acelerada mente crítica, un testigo de ojos muy claros respecto de la vida local”. Las palabras de “la abanderada intelectual del sandinismo”, son bastantes claras sobre el escritor de “Alhué”.

Mas, su caracterización de su querido amigo no termina ahí, ella continúa  “A la patria se le sirve de varias maneras, de todas maneras, menos con el modo adulador e infantil del chovinista….González Vera, siempre tuvo la Náusea del halagador de multitudes”.

Su escrito sobre el 21 de Mayo, atestigua lo anterior: “Este como todos los anteriores años, los patrioteros, los borrachos y los hombres entontecidos celebrarán con bestial alegría el triunfo que Chile obtuvo sobre Perú y Bolivia hace un siglo…con la conquista de las salitreras los hombres pobres de Chile ganaron para sus amos la riqueza, para sí mismos el hambre eterna y para sus hijos la esclavitud y para todas las generaciones venideras el odio asesino de los pueblos”.

González Vera, pulcro en su estilo literario, obtiene en 1950 el premio nacional de Literatura, un año antes que la poetisa de Vicuña, Gabriela Mistral.

Dato anecdótico, al igual que Gómez rojas, González Vera cuenta con una plazuela en Santiago, en Avenida Salvador con Francisco Bilbao. Al aire libre, qué mejor para este espíritu anarquista.

 

SEGUNDA PARTE: “Desde los años 20 a la Generación del 38”

En la primera parte de este trabajo, hice breve repaso en torno a los albores de la literatura ácrata en Chile. Desfilando nombres como los de Francisco Pezoa, González Vera y Gómez Rojas. En esta segunda parte, aparecerá gente como Federico Serrano, Acevedo Hernández, pero me centraré primordialmente en la figura de Oscar Castro, el “poeta del alba”.  

La aurora de la protección social: “Paternalismo o Autonomía”.

Un acalorado debate entre los sectores obreros, suscito la aparición de programas políticos-como el de Arturo Alessandri- que, al menos en el papel, postulaban planteamientos de legislación social para mitigar la frágil situación de los sectores populares, en un período en el cual la crisis de la sociedad oligárquica comenzaba a demostrar todo su cariz. 

Aunque si bien ya existían algunas leyes de carácter laboral, su alcance era más bien modesto.

Así, uno de los antecedentes del chile desarrollista lo constituye la promulgación, en el ámbito político, de la constitución del 25, aunque realmente comenzó su “funcionamiento” con la aparición del llamado “Frente Popular”. En virtud del acuerdo nacional que se generó para la creación de entidades como CORFO. 

Así, uno de los motivos del ocaso libertario en Chile, según mi juicio, fue el haber mantenido un excesivo doctrinarismo ante el tema de las “uniones legales”, de ahí que figuras como las de Ernesto Miranda ,años más tarde, levantaran una postura práctica: anarcosindicalista.

FEDERICO SERRANO VICENCIO y ANTONIO ACEVEDO HERNÁNDEZ: unas palabras.

El movimiento socialista libertario, con sus altos y bajos, seguía ejerciendo influencia en el Chile del 20. En el ámbito sindical, la fundación  de la I.W.W. en 1918, la creación de la “federación anarquista de santiago”, demostraban la continuidad de las agrupaciones ácratas en nuestra sociedad;  esta permanencia tenía también su correlato en la arena estética, con cuadros artísticos como los existentes en Iquique, mas también con escritores que poseían una gran afinidad al ideario anarquista, como Federico Serrano y Antonio Acevedo Hernández

El primero de ellos, oriundo del norte chileno, comienza su carrera política bajo el alero del líder Luís Emilio Recabarren. El año 1924, publica la única obra que he podido hallar, llamada “al correr de la pluma”,  editado por  “Castalia”, su prólogo reza así: “….escribiendo folletos que estimulen la campaña antimilitarista y de derrocación de la propiedad privada y del Estado”.

Es más, años después, en el periódico anarquista chileno “El libertario”, correspondiente al número 8 de1956, se le define como “un poeta revolucionario popular”.

Inclusive, en aquella edición, aparece además un poema-póstumo de Federico Serrano Vicencio, llamado “Durruti”; así se expresa en su primer fragmento:

 

“Hijo del pueblo, general nacido

De las gestas heroicas y tremendas

Temerario y audaz tú has sido

El vencedor en todas las contiendas….”

 

Y en la parte final:

“¡Salud, Durruti! Gran compañero

General de invencible rebeldía

 Supervivas en el mundo obrero

Con tu ideal inmenso: la anarquía”.

 

Por su parte, Antonio Acevedo Hernández, como tal, y al igual que Serrano, venía escribiendo y acompañando las luchas obreras, antes de la década del 20.

Considerado por algunos como uno el mayor dramaturgo social en la historia de Chile, sus escritos exudan protesta social y vivencias al límite. No obstante esto, su vinculación con el ideario ácrata ha quedado relegada en el mar del olvido.

Al parecer, el historiador Oscar Ortiz es uno de los pocos en vincularle directamente al anarquismo.

Además, dos fuentes históricas literarias lo conectan con la filosofía libertaria, primero un estudio realizado por el propio Acevedo Hernández, en el número 12 de “Claridad”,  en el cual realiza una investigación del “Teatro ácrata en Chile” y segundo en “Selva Lírica”, del año 1917, donde ,al igual que en “Claridad”, le proclaman anarquista.

OSCAR CASTRO: “Poeta de Rancagua”

Sin duda alguna, la literatura social chilena de comienzos del siglo XX, tuvo un entronque incuestionable con el anarquismo. No sólo en autores como Manuel Rojas o González Vera es posible vislumbrar este encuentro, sino también en Oscar Castro.

Oriundo de Rancagua, localidad en la cual existieron numerosas agrupaciones anarquistas, Castro nace en 1910.

Sus obras “La vida simplemente”, y “Llampo de sangre”, relatan, cada una a su forma, la vida de personajes al límite, conociendo el joven Lagos los burdeles y las prostitutas, y en la segunda obra, la vida del minero.

Por otra parte, su poesía y narrativa contienen una frescura muy propia del autor, es más, para Alone,  uno de los pocos que no le debe nada a Neruda, bebiendo más bien de Federico García Lorca, es Oscar Castro.

En trabajos como “Llampo de Sangre” o “La vida simplemente”, Castro al igual que Nicomedes Guzmán, penetra en la vida de los hombres del campo y  de la urbe, con un toque narrativo que lo hizo uno de los más recordados literatos de nuestra historia.

Ahora bien, otro elemento no menor del “poeta del alba”, es su incursión en la poesía.

En ella, busca plasmar la vida del campesino, sus alegrías, tradiciones y amarguras.

Tómese como ejemplo, el siguiente pasaje de la “Alfarera”:

 

“Las  manos de esta vieja que amasa la greda

Aprendieron sus nudos a los sarmientos

Y su color a sus avellanas secas.

Ahí esta, edificando cántaros,

Junto al arroyo pulidor de guijarros

Entre la soledad violeta y la cordillera”.

 

Y en un ámbito más social, su “poema de la fraternidad”, exuda deseos de solidaridad humana, claro esta con una nueva base material:

 

“Los martillos podrían cantar,

como el himno de tierra florida,

decorar la mañana con su redada de peces musicales.

Y los montes, las pampas, los viñedos,

entregar su ofrenda a todos los hombres”.

 

Como tal, la generación del 38, a la cual pertenecen Oscar Castro y Nicómedes Guzmán, estuvo fuertemente ligada a la aparición del llamado Frente Popular en Chile y sus deseos de mayor bienestar social. Aunque sin duda alguna, a diferencia de Guzmán, Castro estuvo ligado fuertemente con el ideario ácrata. Así lo expresa un amigo de Castro y también ex partícipe del grupo literario “los inútiles”, Gonzalo Drago: “Era anarquista sin militancia activa, había leído a los clásicos del anarquismo, Malatesta, Prokotkin (sic), Mella, Reclus, Nicolai, entre otros”.

Ahora bien, en un ámbito personal, Drago destacaba su temple sereno y honesto.

No obstante esto, el mayor nexo entre Castro y los anarquistas, lo constituye un poema dedicado al ácrata chileno Julio Barrientos, reproduzco tres fragmentos: 

 

“Luchador incansable de la causa,

Sufrió injusticias y persecuciones;

Mas su labor viril no tuvo pausa

Y enfrentó sin temor a los sayones…

 

En sus párrafos finales, sentencia:

 

“La justicia servil que mata y vicia

Los arrastró a las tinieblas de un presidio,

Y allí pudo juzgar que esta justicia

Es la parodia vil de homicidio.

Así, es el hombre que hoy, aunque postrado

Prosigue con su espíritu invencible

Y nos brinda el ejemplo iluminado

De derrotar aun a lo imposible”

 

Salud, Oscar, poeta de la tierra, del amor y la libertad.

Oscar Castro fallece en Santiago de Chile, el año 1947.

 

TERCERA PARTE: “La Influencia Anarquista en la Revista Babel (1938-1951)”.

Continuando con estos “apuntes”, un hito de la literatura nacional  constituye, sin duda alguna, la reaparición en Chile de la revista “Babel”. Para algunos, una de las mejores publicaciones latinoamericanas en su género.

Nacida en Argentina en 1921, en nuestro país,  su primer número apareció 1938, con su eterno e incansable director, el argentino, de raigambre judía, Enrique Espinoza.

Ahora bien, por qué hablar sobre la influencia anarquista en “Babel”, primero, porque no ha sido estudiada, y segundo, porque nos permite comprender cómo la tradición libertaria nacional no decae, sino que cambia de forma.

Recordemos que ante la arremetida del “Frente Popular”, la influencia anarquista comienza a menguar, por lo que se ha investigado hasta ahora, dado el carácter conciliador de los gobiernos radicales y promotor de la integración social de los sectores populares. Aun cuando interpretaciones posteriores denominan integración parcial a las propuestas del “Frente Popular”, esta alianza caló fuerte en el chile de aquella época, encarnando, además,  una  nueva forma de acumulación capitalista: el nacional desarrollismo. 

De esta forma, la literatura chilena mantiene un núcleo socialista libertario, encabezado por Manuel Rojas, González Vera y el desconocido Laín Diez.

En más, el comité asesor de “Babel” estaba formado por estos tres autores, mas el escritor argentino Luis Franco, de tendencia trotskista.

Literatos como Ciro Alegría, Albert Camus, Gabriela Mistral, Ernesto Montenegro, entre otros, dotaron a la revista de una gran categoría literaria y filosófica.

 “El socialismo y la libertad” de MANUEL ROJAS

La relación entre el socialismo y la libertad, para algunos es espinosa. Crecimos con el prejuicio de suponer que ambos eran incompatibles. Fuese por el carácter “paulatino” de la revolución, como por una asociación forzada de la izquierda marxista al confundir libertad con liberalismo.

Asimismo, el carácter autoritario de algunas corrientes socialistas, contribuyó aún más  a considerar socialismo y libertad como irreconciliables. El jacobinismo tuvo sus retoños en el marxismo. He ahí la razón, según mi juicio, por la cual el anarquismo ha sido la “oveja negra” del frondoso árbol socialista, al desconocer al culto al Estado, denunciando sus aparatos ideológicos y las relaciones sociales que instaura, como lo ineficaz de la actividad parlamentaria. 

Postura que contrasta con lo que  profesaba, por ejemplo, el ideólogo alemán Fernando Lasalle, cuyo espíritu caló fuerte en el posterior desenvolvimiento de la socialdemocracia alemana,  la actitud chovinista frente a la primera guerra mundial, en dirigentes como David, Ebert o Noske, no es, según mi opinión, azarosa.

De esta forma, el escrito de Manuel Rojas, cuya pluma a veces me recuerda a Camus, trae a colación  esta tensa relación entre socialismo y libertad.

En sí, Rojas, comienza declarando que según su visión hay 4 clases de socialistas. 

El primero de ellos, dice Rojas, es aquel “socialista tipo intelectual, que esta dispuesto a aceptar, y acepta, todo aquello que se le presenta como socialismo”, después viene, en segundo lugar, “el socialista por afanes o principios materiales, que esta convencido de que el socialismo ha sido creado únicamente para mejorar su situación económica”, en tercer puesto, “el socialista por afanes o principios administrativos, que se cree llamado a dirigir, ahora y siempre, a los anteriores”, en cuarta posición, según Rojas, esta “el socialista por afanes o principios morales”. Desde mi perspectiva, acá podría ubicarse Manuel Rojas. Ahora bien, para acabar con la idea general, me tomo la libertad de citar el siguiente fragmento:

“Al primero podrá encontrársele en las innumerables sociedades de amigos del socialismo y al segundo y al tercero en los partidos socialistas de todo el mundo.

En cuanto al cuarto, rara vez se le hallará acompañado de más de dos o tres personas. No es miembro de ningún partido, y el socialismo de partido, por su parte, le mira siempre con oblicuos ojos, considerándole siempre como un ser demasiado independiente. Su excesiva independencia le hace sospechoso de tibio socialismo y de otras cosas peores”.

¡Cuánta verdad contienen esas sabias palabras, y qué indignante es el silencio que cayeron!

Sin duda alguna, Rojas desentraña con su prodigiosa pluma, esas ambivalencias de ciertas fracciones de la izquierda muy vinculada a los ministerios y a la defensa del proletariado, pero que al momento de una asonada golpista, son los primeros en exiliarse, o al momento de hacer aseo, contratan empleada. Son aquellos que no vivirían ni cinco minutos en Cuba, aunque vivan hablando de sus bondades.

“Los anarquistas” de JOSE SANTOS GONZALEZ VERA

Sin duda alguna, las manifestaciones literarias constituyen a su modo, una excelente fuente para forjarnos un cuadro de una época cualquiera. Aunque, claro esta, siempre limitado a las impresiones de los autores, por ende, a su subjetividad.

El caso de González Vera, no es una excepción. Ya nos hemos referido, anteriormente, en torno a algunos aspectos de su obra Y en relación a lo expresado en el primer párrafo, su escrito “los anarquistas”, cumple la función de entregar una pista sobre el itinerario ácrata de aquel entonces.

En éste, González Vera céntrase en la vida social de aquellos anarquistas, zapateros preferentemente, que tuvo la suerte de conocer durante sus años de juventud.

Relata  sus encuentros en el centro Francisco Ferrer, lugar donde juntaban a charlar o reunir dinero para apoyar alguna causa.

Uno de los elementos más ricos de la pluma del autor, es cierto bosquejo sicológico que hace de los mismos, sin idealizarlos, presentándolos tal cual eran.

Personalmente, me sorprende el arraigo de las posturas cercanas al cristianismo entre los anarquistas chilenos y extranjeros, como José Clota o Casimiro Barrios. Parecieran tener algo de quijotes. También relata González Vera, la llegada de inmigrantes suecos, rusos o eslavos.

Al adentrar en la lectura, pareciera sumirse el lector en un mundo ajeno, casi caricaturesco, de gente que estudiaba teosofía o espiritismo, de acuerdo al idealismo de cada uno. 

Por eso soy de los que sostiene que tanto el lenguaje-e inclusive el análisis- de muchos libertarios chilenos el día de hoy, se asemejan más al discurso marxista latinoamericano de los 60, que a reflexiones asociadas al ideario ácrata.

A modo de ejemplo, González Vera relata la dura represión que arreció sobre una manifestación libertaria en la cual participó: “Mientras corría, movido por la necesidad de vivir un tiempo más, comprendí cuan verdaderas resultaban las aseveraciones del filósofo Alcides: jefes y agentes eran pobres; no obstante, con qué ardor apaleaban a otros pobres que luchaban por mejorar su salario”.

No hay color de rosas, Vera reflexiona con libertad, no sirviendo a ninguna estructura partidista o dogmatismo filosófico; en definitiva, no existe ese romanticismo de idealizar a los “sectores populares”, a diferencia del día de hoy.

 

PALABRAS FINALES: “Décadas Después”

Como tal, una investigación que buscase reflexionar en torno a la influencia ácrata en la literatura chilena, podría abarcar, prácticamente, toda nuestra historia literaria.

Inclusive, la cercanía de anarquistas y el oficio de escribir, se intuye años después en gente como Mauricio Wacquez, Cristián Vila Riquelme, o Roberto Bolaño, este último se definía como “anarquista- trotskista-tercermundista”. Sin olvidar que es uno de los pocos escritores en recordar lo que la izquierda comunista quiere relegar al mar del olvido: las odas a Stalin de Pablo Neruda.

Así, la desconocida influencia socialista libertaria en nuestra historia literaria, es todo un campo para indagar, pues incluso el día de hoy, existen numerosos jóvenes deseosos de continuar cultivando las relaciones entre anarquismo y literatura chilena. Basta sólo con recordar la cantidad de publicaciones electrónicas o algunos fanzines aparecidos en los últimos años.

 

NOTA:

(*) Eso sí, aquí se me hace perentorio realiza  la aclaración siguiente: en “Gabriela Mistral y el Anarquismo”, postulé que en “El Sembrador” de Iquique habrían existido poemas inéditos de nuestra poetisa.

Con el paso de los días y de algunas indagaciones, comprendí con vergüenza cómo había incurrido en un error garrafal. Ambos escritos aparecen en “Desolación”.

 

Sebastián Allende: alumno-tesista de la carrera de Historia y Ciencias Sociales, Universidad Artes y Ciencias Sociales (ARCIS), Santiago de Chile.

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ACTUALIDAD DEL MOVIMIENTO LIBERTARIO Imprimir E-Mail

ACTUALIDAD DEL MOVIMIENTO LIBERTARIO: JOSEFA MARTÍN LUENGO.

 

Si partimos de la idea de que “el anarquismo, en todas sus modalidades, es una afirmación de la dignidad y de la responsabilidad humanas, un acto de autodeterminación social y no un programa de cambios políticos” (Colin Ward. ”Esa anarquía nuestra de cada día...”Ed. Tusquets.Barcelona .1982), la actualidad del pensamiento libertario difiere escasamente del anarquismo de ayer o del de mañana.

A lo largo de toda la historia de la humanidad, siempre han existido importantes grupos humanos disidentes con su estructura social y enfrentados a los poderes instituidos. La anarquía como pensamiento humano, filosofía colectiva y utopía deseada, tiene carácter universal, y por ello plantearnos su situación actual, pasa por profundizar un poco en esta manera de desear nuestro paso por este mundo.

El anhelo humano ha sido es y será siempre el mismo: la búsqueda de la felicidad y la consecución de este objetivo tiene mucho que ver con la forma y manera de construirnos como personas libres.

Parece que es imposible podernos plantear en estos momentos, una revolución colectiva y popular en la consecución de una sociedad ácrata, porque la realidad nos evidencia que en este mundo insensibilizado, desculturizado y altamente sometido a las relaciones de poder-autoridad-dependencia, la concientización personal es difícil que se pueda dar. , por esa aparente irrealidad de impotencia que asola a tantos colectivos humanos. La manipulación de la información, la educación adaptativa a los sistemas autoritarios, las estructuras familiares jerarquizadas y la disciplina que conduce hacia el consumo, han creado tantos paraísos artificiales, que en la actualidad, una gran masa humana asume, sustenta y trata de perpetuar una vida que no les pertenece y mucho menos le satisface.

Pero si nos paramos a considerar que toda sociedad que soñemos puede ser posible, la anarquía lo es.

Pero debemos tener muy en cuenta y reflexionar profundamente sobre lo que dijo Alexander Herzen hace más de un siglo:”Una meta infinitamente remota no es una meta, es una decepción”, y la obviedad sobre este pensamiento está consiguiendo que se establezca una situación de decepción hacia la única posible utopía del futuro.

Debemos olvidarnos de movimientos de masas capaces de hacer la revolución, porque las revoluciones y sus intentos a lo largo del siglo XIX y XX, nos han demostrado adónde han llegado, Porque desde nuestro punto de vista todo cambio copernicano en esta sociedad, debe pasar primero por un cambio personal interno.

Para poderse realizar posteriormente el externo; es decir, cada persona debe realizar su revolución interior y de esta manera podrá unirse a las demás personas bajo los mismos valores, los mismos principios y por lo tanto, alcanzar los mismos objetivos: una sociedad diferente.

Con esta exposición, lo que queremos evidenciar es que la educación y la cultura libertarias son imprescindibles para conseguir la utopía de la anarquía, que supone una constante en la historia de la humanidad.

Como la solución es, evidentemente, difícil y conflictiva, pensamos, junto con otr@s estudios@s del tema, que la forma más idónea es la de que se expresen y dinamicen colectivos autogestionarios que funcionen día a día manifestando una forma de vivenciar la realidad opuesta a la establecida, desprendiéndose del proteccionismo estatal, desarticulando la familia autoritaria, y liberando la represión sexual de la juventud (W. Reich), motivando un cambio interno que supone un desprenderse de una estructura mental de base autoritaria (Mendel), y analizando y destruyendo la influencia fascista del ejercicio del poder y de sus formas de introyección : escuelas y cárceles. (Foucault).

La revolución anarquista ha de realizarse en la base, a base de pequeños grupos de oposición práctica y efectiva, demostrando con su experiencia cotidiana que la anarquía es una realidad “aquí y ahora” y no una utopía –decepción para el futuro.

Uno de los mayores errores que hemos cometido y cometemos, es el de pensar que en la realidad cotidiana nada podemos hacer porque necesitamos número y lo que hacemos o intentamos hoy dará sus frutos en el futuro, ya que esto pasa por obviar la realidad y el presente, añorar el pasado y fantasear en el futuro.

El pensamiento libertario en la actualidad debe revolucionar sus planteamientos, debe manifestar día a día su pensamiento con una manera de vivir acorde con él y debe olvidarse de buscar mecanismos de defensa para aniquilar su libertad por la compensación de la imposibilidad. Cada ser humano revolucionado desde sí mism@, vive y actúa de forma contraria a la impuesta y esa actitud activa, mueve positivamente esta sociedad agonizante.

No hay, por lo tanto desesperanza, no hay, por ello decepción, ya que mientras YO individualidad lucho cada día, el futuro está lleno de esperanza, porque mi verdadera responsabilidad social como ser humano y pensante es responder a mi compromiso personal que como anarquista debe formar parte, de la esencia más intima de mi identidad y de mi vida.

Ahora bien, si nos preguntamos por ¿Cuáles son las probabilidades de aumentar el pensamiento anarquista en el mundo actual?, debemos reflexionar sobre la forma en que se viene manifestando en las últimas décadas, teniendo en cuenta que nunca más que hoy el poder centralizado en los gobierno y el capitalismo de las grandes multinacionales, ha sido mayor, las formas en las cuales se ha evidenciado el pensamiento anarquista ha sido a través de compromisos de multitud de grupos discordantes con los valores impuestos: okupas, insumisión, ecologismo, organizaciones paralelas, colectivos alternativos, que tienen como objetivo la dignidad personal , social y la defensa de los valores individuales…

En mi país, donde se frustró la revolución anarquista en 1936-39 por la dictadura militar con el apoyo no intervencionista de la Europa “civilizada”, la dictadura que se mantuvo durante cuarenta años, consiguió la involución de nuestra sociedad unos cien años, pero lo más terrible ha sido, el condenar a la ausencia de ideología y a la implantación de los valores fascistas a cuatro generaciones; la dictadura silenció y eliminó el término anarquista de su propaganda, de tal forma y manera que recuperarlo en su esencia está resultando altamente dificultoso, ya que cuando finaliza la dictadura en este país no se realiza una ruptura, al menos para retomar y reestablecer una sociedad evolucionada, sino que se canaliza hacia una transición, que supone y nos ha supuesto el aceptar con bastante docilidad una democracia liberal –burguesa, que elimina un pasado glorioso.

Para retroceder un siglo

Por lo que el panorama quedó de esta manera: un resurgimiento de las ideologías -mal formadas conceptualmente-, asunción del sistema de partidos políticos en busca del poder, y una campaña desarticuladora del resurgir anarquista apoyándose en el miedo hacia una historia desconocida y a la aceptación sin paliativos de: narquismo = caos = violencia = confrontación = guerra, por medio de la realización de actos violentos y desarticuladores promovidos desde las instituciones para generalizar esta percepción y su consiguiente represión. Por otro lado, la confrontación desde dentro escindiendo el movimiento anarquista, que apoyado por la gente del exilio, aglutinaba a un número muy amplio de personas que se manifestaban en este pensamiento.

En pocos años se generó la escisión dentro del sindicato anarcosindicalista (C. N. T.), detenciones por supuestos atentados protagonizados por anarquistas, confrontaciones internas promovidas por personas infiltradas, iniciándose así un intento progresivo de descomposición de la ideología libertaria.

Pero, como , con todo, es imposible anular los deseos humanos, han ido apareciendo multitud de grupos de influencia libertaria que bajo diferentes objetivos constantemente están hacièndose efectivos en nuestra sociedad: El movimiento de insumisión ha sido muy fuerte hasta que el gobierno lo ha despenalizado estableciendo penas civiles en lugar de penales, a pesar de todo, sigue manifestándose, l@s ecologistas , que los han institucionalizado y comprado con subvenciones, , el sindicato que constantemente están desmantelando, el movimiento de okupas que a pesar de los ataques y desalojos se sigue manteniendo, el sindicato, que lucha por su supervivencia a pesar de las confrontaciones promovidas por infiltraciones y desconocimiento de la cultura libertaria, y la proliferación de grupos autónomos, ateneos y publicaciones ácratas que de una manera constante son atacados y vuelven a resurgir.

Parece una lucha por la supervivencia de un pensamiento, pero esa lucha indica que no está muerto, que sigue vivo y que busca maneras de comunicarse con esta sociedad para proporcionar una alternativa lo suficientemente peligrosa como para combatirla de una forma tan constante y radical.

Lo que esto nos viene a demostrar es que la lucha por la libertad permanece y trata de manifestarse, y la represión que se ejerce sobre ella nos ilumina y clarividencia que somos sus auténticos enemigos. Porque, lo queramos o no, nos guste o nos incomode, la estructura social que de forma universal nos asola, los poderes que se nos imponen tienen un único enemigo:la anarquía, porque ella y únicamente ella ataca la base de su estructura; es decir: autoridad -no-.autoridad, sociedad piramidal-sociedad autogestionaria. Y eso, como nos viene sucediendo a lo largo de la historia, no lo pueden consentir y por ello, su intento de aniquilamiento no tiene pausa.

Todo esto nos indica, que la lucha sigue vigente y que la anarquía es un deseo tan natural como el hecho mismo de existir.

 
SIR HERBERT READ: “Un desconocido anarquista inglés”. Imprimir E-Mail

Herbert Read nació en una familia de granjeros de Kirbymoorside, pueblo de la zona rural de Yorkshire, el 9 de diciembre de 1893. Fue el mayor de tres hermanos, que pierden a su padre en 1904, tras lo cual Herbert es enviado a Crossley’s School, escuela para huérfanos en  Halifax. A los 16 años trabajó como empleado bancario en la cercana Leeds, a cuya Universidad ingresa como estudiante de Economía en 1912. Por esos tiempos ya expresa un ávido interés por la lectura, el socialismo, el arte y la poesía, incluso publicando sus primeros versos. En 1915 forma filas con el ejército británico que se bate en Francia y Bélgica durante la 1ª Guerra Mundial, donde muere uno de sus hermanos. Alcanza el grado de Capitán y su desempeño le hace merecedor de la Military Cross y la Distinguished Service Order. En 1919 contrae matrimonio con Evelyn Ross e ingresa al Civil Service (administración pública del Reino) como empleado del Tesoro. Ese año se edita su primer libro, Naked Warriors, una colección de poesías que expone su íntima vivencia de la ordalía bélica.

En 1922 va a laborar en el Victoria and Albert Museum, donde se especializa en curaduría de vitrales y cerámica, adquiere reputación gracias a sus primeros trabajos como experto en arte y trabaja a tiempo completo hasta 1931. Por entonces, sus escritos sobre tópicos literarios y artísticos le van ganando nombradía en el medio cultural londinense, consolidada tras la publicación de obras como Reason and Romanticism –el primero de sus textos de crítica literaria– y The Meaning of the Art –libro fundamental en la exposición de sus concepciones estéticas-. Recibe un Doctorado Honorario de su Alma Mater en 1932, además de cumplir funciones como docente de Bellas Artes en las Universidades de Edimburgo (1931-33), Liverpool (1935-36) y Londres (1940-42). Aparte de los compromisos académicos, Read se ocupa en la década de 1930 con múltiples actividades: de 1933 a 1939 es Editor del “Burlington Magazine”, publicación de primera línea en la escena cultural inglesa; publica su única novela: The Green Child, relato alegórico y fantástico de excelente factura; tiene hondos vínculos con los nuevos talentos del arte británico, entre los que destacan Henry Moore, Ben Nicholson y Barbara Heptworth; promueve el contacto con las tendencias plásticas de avanzada, por ejemplo a través de la organización de la Exhibición Surrealista de Londres en 1936; así mismo continúa con su producción escrita como crítico, como poeta y publica ensayos filosófico-políticos de corte decididamente anarquista, faceta polémica que parece haber sido decisiva en el veto en 1939 a su designación como Director del primer museo de arte moderno en Gran Bretaña. En 1936 se divorcia para casarse con Margaret Ludwig. De sus dos matrimonios hay 5 hijos, incluyendo al conocido novelista Piers Paul Read, quien ideológicamente resultará lejano a las audacias libertarias de su padre.

En las décadas siguientes, fue un participante de primera línea en el panorama cultural ya no sólo inglés sino internacional. En 1943 se edita su Education through Art, tal vez su obra más influyente si consideramos las traducciones, reediciones y citas que de ella se han hecho. Por lo demás, su pluma siguió siendo muy prolífica, diversa en temas y estimada por los lectores anglosajones, de tal manera que a mediados de siglo se le consideraba a la par de T.S. Elliot y George Orwell. En 1947, junto con Roland Penrose funda el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres, de señalada importancia en la evolución artística británica. En 1953, en reconocimiento oficial a su destacada trayectoria, recibe de manos de la Reina el título de “Sir”; tal hecho le trajo agrias polémicas con los medios anarquistas y radicales donde se le había tenido en tanta estima, aún cuando se ha señalado repetidamente que en esa decisión fueron determinantes las presiones de su esposa y otros familiares. Entre 1953 y 1954 va a los Estados Unidos, invitado como Lecturer a la Universidad de Harvard y a la Galería Nacional de Arte en Washington. Al retornar a su país, vive en Stonegrave, cerca de su pueblo natal, y desde allí (o a través de algunos viajes, que incluso lo trajeron a América Latina) mantiene presencia destacada en el mundo cultural, hasta fallecer de un ataque cardíaco en su residencia el 12 de junio de 1968, a los 74 años de edad. Según “The Anarchist Enciclopedia”, la obra que dejó es de unos 1.150 títulos, entre los cuales 80 tienen una dimensión al menos monográfica, distribuyéndose estos según el tema en: 26 trabajos sobre arte o artistas; 14 de crítica literaria; 13 compilaciones de poesía propia; 10 obras de política, principalmente sobre anarquismo; 7 textos de prosa y biografía; 5 referidos a educación; y 5 ensayos autobiográficos. Lo principal de ese acervo sigue conservando su vigencia a través de los años, prueba de lo cual son las reimpresiones o nuevas ediciones de obras de Read en diversos idiomas, el sostenido interés en investigar sobre sus trabajos y/o inspirándose en sus propuestas, y la realización de eventos como la “Herbert Read Conference”, celebrada en la galería Tate Britain de Londres en junio de 2004.

El Read anarquista comenzó a germinar en juveniles lecturas de Proudhon, Tolstoi y Kropotkin, pero principalmente al contacto con la fértil tradición libertaria inglesa que encontró en Noticias de Ninguna Parte de William Morris (1834-1896), El Alma del hombre bajo el Socialismo de Oscar Wilde (1854-1900), y en especial el poco recordado Non Governmental Society de Edward Carpenter (1844-1929). Estos autores le hicieron conocer agudas críticas al torvo capitalismo de su tiempo unidas a propuestas para un socialismo de escala humana, que calaron en su mentalidad sensible, individualista y de origen rural. Sin embargo, el deslumbrante fogonazo de la Revolución Rusa hará que, como tantos otros, deje en suspenso su ruta hacia el anarquismo durante la década de 1920. Ello se percibe en sus escritos de entonces, a pesar de lo cual supo evitar perderse en los andurriales del realismo socialista que empezaba a imponerse como brújula intelectual para la izquierda ilustrada.

A contramarcha de la tónica en la escena cultural inglesa de entonces, Herbert Read retoma su rumbo dentro del ideal libertario en hitos que se evidencian en algunos de sus textos: Art and Society en 1937; los ensayos Poesía y Anarquismo [1938] y La Filosofía del Anarquismo [1940], incluidos esta edición; el imprescindible Al Diablo con la Cultura [1941]; y el ya mencionado Education through Art de 1943. Luego perseveraría en la producción de trabajos importantes para el desarrollo y la actualización de la filosofía del anarquismo (entre otros: The Politics of the Unpolitical [1953], The Redemption of the Robot: My Encounter with Education Through Art  [1966], Arte y Alienación: el Rol del Artista en la Sociedad [1967], y esta colección de ensayos: Anarquía y Orden, cuya primera edición fue en 1945, agregándose otros textos en 1954), precisamente en el momento en que más alto se proclamaba la pretendida supremacía del marxismo como única teoría posible para la revolución socialista.

Si bien la filiación ácrata de Read se expresó primordialmente a través de la elaboración teórica, a partir de la década de 1930 mantuvo cercana relación con grupos y activistas libertarios, fuese como orador y conferencista o colaborando repetida y desinteresadamente con publicaciones periódicas e iniciativas editoriales anarquistas en muchos lugares, como por ejemplo el grupo editor de la histórica “Freedom” de Londres, o con los exiliados ibéricos en México y su “Tierra y Libertad”. Esos contactos temporalmente se enfriaron un tanto a raíz del incidente del título nobiliario, más nunca cesaron, pues salvo esa caso el itinerario vital de Herbert Read siempre fue consecuente con sus ideas, lo que por ejemplo lo llevó a ser entre 1944 y 1949 animador del Freedom Defence Committee, donde junto a gente como B. Russell, G. Orwell, G. Woodcock, H. Moore y B. Britten impulsa una iniciativa de solidaridad con los perseguidos por cualquier clase de totalitarismo, incluyendo a anarquistas y otras víctimas del stalinismo entonces dominante en Europa del Este. Los postillones de Moscú no podían dejar sin castigo tan intolerable expresión cismática, de manera que empezaron a rodar la canallesca imputación de presentar al Freedom Defence Committee como obediente secuaz del imperialismo yanki y su espionaje. Lo absurdo es que tal calumnia aún encuentre hoy quien la sostenga y propague, en versiones algo más sibilinas o sinuosas, como es el caso de la revista chilena Punto Final Nº 556: “Intelectuales al servicio de la C.I.A.”.

 

NELSON MÉNDEZ (Caracas 1952-     ): Sociólogo, Profesor Asociado en la Universidad Central de Venezuela, con 15 trabajos de su autoría recogidos en publicaciones académicas arbitradas, con participación visible en la vida intelectual venezolana a través de eventos de investigación, foros, conferencias, artículos de prensa, etc. Militante político de la izquierda desde su juventud, a partir de mediados de la década de 1980 se identifica con el ideal anarquista. Integró los colectivos que  editaron “El Libertario” (primera época; 1985-1987) y “Correo A” (1987-1995). Desde 1995 participa en el renacimiento de “El Libertario” con la Comisión de Relaciones Anarquistas, iniciativas que no sólo se han mantenido sino que han ganado espacio estimable dentro del movimiento anarquista latinoamericano. En co-autoría con Alfredo Vallota ha escrito obras como: “Bitácora de la Utopía. Anarquismo para el Siglo XXI” (Caracas, UCV, 2001); “Anarquismo: Utopía que Renace” (Caracas, CRA, 2004); “Acción Directa y Autogestión: Breve Guía Práctica del Anarquismo” (Caracas, CRA, 2004); y “Utopía Colectiva y Autonomía Individual: La Perspectiva Anarquista de la Autogestión” (en prensa). Participa en el Centro de Estudios Sociales Libertarios de Caracas. Casado, con un hijo y reside en la capital venezolana.

 
JACQUES LAGAS: el olvidado héroe chileno de la revolución cubana Imprimir E-Mail

JACQUES LAGAS: el olvidado héroe chileno de la revolución cubana 

 

De Arturo Fernández Vial pasamos a Marmaduke Grove; continuando con la serie dedicada a militares chilenos “progresistas”, democráticos, constitucionalistas, dejamos con ustedes al piloto Jacques Ernesto Lagas Navarro, el héroe olvidado de la Fuerza Aérea Rebelde cubana y de Playa Girón.

 

La portada de Memorias de un capitán rebelde (1964), del piloto chileno Jacques Lagas Navarro, hace referencia a la bandera rojinegra del Movimiento 26 de Julio, la guerrilla que liberó a Cuba de la dictadura de Batista en 1959. Quien llegara a ser capitán de la Fuerza Aérea Rebelde (FAR) de Cuba y héroe de Playa Girón, fue un uniformado que se identificó con el planteamiento libertario del socialismo chileno.

En abril de 1961 La Habana debió enfrentar un intento de invasión proveniente desde los EUA, traducido en el masivo desembarco de tropas irregulares en sectores costeros. En este ataque, la aviación cubana jugó un destacado papel en la búsqueda de la superioridad aérea y la expulsión de los intrusos, y dentro de ella brilló un piloto chileno que, por sus acciones de guerra, alcanzó el estatus de Héroe de Playa Girón. Esta es su historia.

Lagas, oriundo de Iquique, fue marino, militante socialista y aviador comercial. Jacques Lagas se entrenó en EUA para volar B-26, y luego de servir en compañías civiles locales, fue contratado por Cuba en 1959 para formar nuevos pilotos, por la escasez de éstos. Combatió en Bahía Cochinos piloteando un B-26 como sustituto del Jefe del escuadrón de Bombarderos Silva Tablada; realizó 8 misiones (el 5° lugar por cantidad). Luego pasó a trabajar en Cubana de Aviación. Más tarde se fue de Cuba, y se mató en Chile en un accidente aéreo, el 25 de mayo de 1971.

EL ÚLTIMO VUELO

Cuando recién había recogido el tren de aterrizaje, elevado a cien metros de altura, el viejo Curtis C-46 (en la foto) acusó una falla en su hélice derecha. Una falla que la detuvo en seco. La nave de carga de la empresa Alfa, con dos tripulantes y dos pasajeros a bordo, había despegado a las 4:23 de la madrugada desde Los Cerrillos y tres minutos después, ante la porfía de un motor, se precipitaba en los terrenos del fundo Vista Alegre, a dos kilómetros del aeropuerto.

La primera cuadrilla de rescate presenció un espectáculo aterrador. Aún sujeto a la butaca del avión, que se había partido en dos y ardía en llamas, estaba el piloto Edgardo Osses. Había muerta de forma casi instantánea. Los otros tres que iban a bordo seguían con vida, pero sus cuerpos humeaban y se retorcían en el campo. Uno de ellos era el piloto chileno Jacques Lagas Navarro, ex capitán de la Fuerza Aérea Rebelde de Cuba y protagonista de los combates aéreos que derivaron en la derrota definitiva de las fuerzas anticastristas, que moriría horas después en la Asistencia Pública.

Su muerte, ocurrida el 25 de mayo de 1971, fue cubierta por la prensa chilena, pero pasó inadvertida en Cuba. Aunque su papel había sido decisivo en los combates de Playa Girón y Bahía Cochinos, al punto de ser condecorado por Fidel Castro, el piloto chileno se desencantó tempranamente y volvió renegado a su país, tras una penosa pugna con la oficialidad.

A 38 años de su muerte el hombre ha sido olvidado casi por completo. En Cuba fue borrado de la historia oficial; y acá, pese a que es de los pocos pilotos chilenos, sino el único, que ha peleado en una guerra de verdad, no engalana panteón alguno.

A Jacques Lagas, hijo de inmigrante holandés, nacido en Iquique en 1925, no hay dónde ubicarlo. Fue expulsado de la Marina y de Lan Chile lo despidieron por sumarse a una huelga. Militó en las filas del Partido Socialista y abrazó solidariamente la causa de la Revolución Cubana. Y aunque murió convencido de que había que defender esa revolución, gustoso habría peleado después contra Fidel.

SU PROPIO AVIÓN

Si hoy se conocen las hazañas de Jacques Lagas es porque él mismo se ocupó de que no se olvidaran. A su retorno a Chile, en 1962, comenzó a escribir un libro que publicó dos años después con el título de Memorias de un capitán rebelde. Narrado con pluma segura, en caliente, y la frente en alto, es un valioso documento histórico que no deja títere con cabeza. Ni siquiera a su autor: la guerra dejó traumas que se fueron agravando con su progresivo desencantamiento.

A Cuba llegó a principios de 1959, una vez que Castro conquistó el poder, y de los chilenos que se enrolaron en la Fuerza Aérea Revolucionaria -FAR- fue el único piloto que entró en combate directo. Los dos primeros años estuvo dedicado fundamentalmente a misiones de instrucción y transporte, pero en abril de 1961, con la invasión estadounidense de Bahía Cochinos, y ante la escasez de pilotos de guerra, pasó a la primera línea.

En esos días Lagas mostró valor, aparte de ingenio. El historiador aeronáutico Iván Siminic, uno de los pocos que se han ocupado del personaje, escribió que frente al desastroso estado de la flota aérea castrista, el piloto construyó un particular B-26 (en la foto), a partir de aviones dados de baja, un modelo de bombardero sin bombas, “cuyo único armamento consistía en seis ametralladoras de calibre .50 en la nariz, cuatro a estribor y dos a babor”. Y para hacerlo más suyo, en el fuselaje gravó su nombre y rango, una bandera chilena y el lema ‘Por la razón o la fuerza’ distintivo dentro de un rayo rojo. Con este aparato, que bautizó El Caballo –igual que el apodo dado a Fidel Castro-, se lanzó a la gloria.

En su libro escribe que un día voló sin escolta, “en un cielo infestado de aviones enemigos que, según nos enteramos después, eran 16 en total. Dieciséis contra uno. La cosa era seria”. En otra batalla se enfrentó solitario a una flota de 13 barcos. “Era cosa de locos, y yo era más loco, por intentarlo”, escribió. Se habituó a esquivar y recibir fuego amigo y enemigo (ambos bandos tenían el mismo modelo y color de avión), y al término de nueve misiones exitosas, varias heroicas, el piloto chileno, junto a seis cubanos y un nicaragüense fue condecorado por Fidel Castro. El honor le duró poco.

PENOSO RETRATO

Terminada la batalla final, Lagas empezó a tener serios problemas con algunos compañeros, particularmente con aquellos que, según el libro, ascendían y copaban los primeros puestos sin haber disparado un tiro. O peor: que habían sido leales a Batista. El mérito empezó a ser partidista, acusa, y a medida que era pasado a llevar y el régimen se abanderizaba con Moscú, su antibolchevismo se tornó crónico.

En sus memorias cita varios hechos que en su óptica fueron afectando la honra y ética militar de las FAR, pero de sus quejas se adivina que la desilusión se originó en asuntos más personales que políticos. Así, las desavenencias derivaron en lo que describe como una “persecución sistemática y organizada” en su contra.

El retrato que hace de sí mismo es penoso, a veces patético. Oficialmente siguió siendo capitán de las FAR, de uniforme verde oliva, galones y pistola al cinto, pero en los hechos terminó viviendo encerrado en un departamento de La Habana, ahogando sus penas en alcohol. Dos veces intentó suicidarse, y una cubana, que sería su esposa y madre de sus dos hijos llegó a salvarle la vida.

Los últimos meses de este período se los pasó escribiendo cartas a Ernesto Che Guevara y Raúl Castro -quienes nunca acusaron recibo- y haciendo guardia en las oficinas de Punto Cero para intentar entrevistarse con Fidel, a quien recuerda “rodeado de su cohorte de aduladores y guardaespaldas”. Un día, por cansancio, este lo recibió, y ahí Lagas, según cuenta, le soltó todo, que cientos de ex combatientes habían sido “vejados y humillados” por no estar afiliados al PC cubano, que habían sido víctimas de “injusticias y canalladas”, que la FAR estaba maleada. Fidel lo escuchó atento y terminó ofreciéndole una casa y un auto para que se tomara unas buenas vacaciones, pero el chileno, a esas alturas, no quería más guerra.

En diciembre de 1961 el piloto volvió a Chile y fue recibido como un mito viviente, asistiendo a cuanta cena y acto se organizó en su honor. Pero Lagas no estaba para homenajes; quería acción, y a principios de 1962 volvía a la isla dispuesto a terminar la tarea. “Había que recuperar esa revolución, costase lo que costase”, escribió.

Mientras, sus memorias ya estaban listas para ser publicadas. Después de pasar por los “expertos” del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y los de la policía política cubana (G-2), el documento “se vio reducido en dos terceras partes”. Pero aún le faltaba el censor del Partido –entonces Aníbal Escalante-, que quería arrancarle otro trozo, porque todavía presentaba “lagunas políticas”. Luego de un áspero intercambio de criterios, Lagas le espetó: “¿Qué sacamos, compañero Escalante, con decirle al mundo que aquí existe completa libertad de prensa, en circunstancias en que usted hace censurar todo lo que se dice, se piensa y se habla en este país? ¿Quiere acaso hacer la historia a su manera?”.

Sin duda daba en el clavo. Como suele suceder, las peripecias de la censura ayudaron a enriquecer el libro, junto a los numerosos testimonios de lo que en Cuba ocurría y que negaban los principios en que se había educado el aviador. Finalmente, por su negativa expresa, por la vergüenza que significaba el esqueleto informe en que habían convertido su obra, el público natural al cual estaba destinada nunca la leyó.

Cuando Memorias de un capitán rebelde llegó a las manos del lector chileno, ya aquel hombre valiente, que se había brindado de manera absolutamente voluntaria a participar en los combates de Playa Girón, a volar los viejos B-26 que otros pilotos rehuían, había regresado a su patria, no sin antes enfrentar enormes obstáculos. La herida de Cuba nunca le cicatrizó, aunque murió amando, en su esposa y su hijo, a la tierra de las palmas y los sufrimientos.

ÚLTIMOS DÍAS

No queda claro qué pretendía hacer exactamente de vuelta donde no lo querían,: con suerte consiguió un puesto menor en Cubana de Aviación. Lagas, el héroe de Playa Girón (foto), era porfiado y demoró unos ocho meses en darse cuenta que había ido a perder el tiempo. a enfermarse de los nervios y ganarse más problemas que no terminaron una vez que estuvo de vuelta en Chile, a fines de 1962.

Se separó de su mujer, quien partió a vivir a Miami con sus dos hijos y se encerró a llorar sus penas en un departamento de la calle Londres. Su sobrino, Ariel Lagas, recuerda que llegó a pesar 40 kilos y que tuvo que ser rescatado por su hermano René, padre de Ariel, para que no se perdiera. “Estaba mal el tío”, dice el sobrino, que vivió con él y guarda su bitácora y unas pocas fotos de su época de gloria.

No se conservan imágenes de sus últimos días, pero es seguro que estaba un poco mejor. Jacques Lagas Navarro había vuelto a volar, y aunque estaba en una compañía menor y era copiloto, ya no pedía más. En su caso, después de todo lo vivido, la cosa era esa: morir con las botas puestas.

RECONOCIMIENTO COMUNAL

En 2008, en la comuna de Los Cerrillos, se bautizó a una calle con el nombre del piloto civil chileno Jacques Ernesto Lagas Navarro (de destacada participación en la Fuerza Aérea Rebelde en la Cuba de los años ‘60, especialmente durante los acontecimientos de Playa Girón, también conocidos como Invasión de Bahía Cochinos).

El lugar elegido es adyacente al sitio donde el 25 de mayo de 1971 cayó el avión Curtiss Commando C-46 matrícula CC-CAZ, hecho en el cual encontrara la muerte Lagas y su tripulación, y en el cual se instaló (o renovó) también un monolito con placa recordatoria (en la foto) con los nombres de las víctimas de ese luctuoso hecho, mismo que da origen al reconocimiento logrado a través del otorgamiento del nombre a dicha vía pública.

EXTRACTOS del libro Memorias de un capitán rebelde:

El 19 de abril de 1961, vuelo mi avión de combate sobre el pueblo de Playa Girón. Había despegado por tercera vez en ese día a las 16:50 horas. Recuerdo las instrucciones que he recibido antes de elevarme: “el enemigo se hace fuerte en el mismo pueblo de Playa Girón, y hay que liquidar esa batalla antes de que caiga la noche; de los contrario pueden reembarcar o recibir repuestos al amparo de la oscuridad”.

Llamo a mi bombardero: “mire Cuadrado, tome nota tranquilamente. Vamos a bombardear a 6.000 pies de altura. De sur a norte, con una velocidad de 250 millas por hora; el viento es del norte de 15 nudos. No hay deriva. ¿Entendido bien? -Sí Capitán, copiado todo correcto- Recuerde- agrego- o pone las cuatro bombas en el pueblo, o le parto la siquitrilla llegando a la base… Cuadrado, lo que ve directamente adelante y pegado a la costa es Girón. Desde aquí ya se puede apreciar el pueblo, la pista y el camino, ¿lo ve?- Si jefe… Por el intercomunicador me llega la voz tensa de Cuadrado: “-cuatro bombas fuera, capitán, Cayeron medio a medio en el pueblo-agrega a media voz, a lo mejor sintiendo lo que habíamos hecho.

Miro hacia Girón. El pueblo no se ve; está envuelto en una inmensa nube blanca que se eleva a más de dos mil pies de altura. Las cuatro bombas de 500 libras cada una hicieron blanco directo. Son las 17:35 horas del miércoles 19 de abril de 1961. Según supe después el enemigo se rindió incondicionalmente a las 17:40 horas de ese mismo día. Exactamente cinco minutos después del bombardeo.

El 19 de abril de 1962 y a pesar de que ya estaba curado de espanto, casi me caigo del asiento en la cafetería Marakas, al ver las fotografías de los destrozos que yo había ocasionado en Playa Girón, cuando bombardée dicho pueblo por orden de Fidel, el miércoles 19 de abril de 1961, a las 17:35 horas, como producidos por efectos del “brutal bombardeo del imperialismo yanqui”. Aparecían las fotografías acompañadas de grandes titulares de la Revista Verde Olivo, en los periódicos Revolución y Hoy. Miraba atónito, incrédulo y asombrado las fotografías. No podía dar crédito a los que estaba viendo. Engañar y mentir de esa manera caía ya en lo ridículo. Miles de hombres habían sido testigos de aquellos trágicos y sangrientos bombardeos.

De repente vino a mi mente la conversación sostenida con el camarada César Escalante, cuando insinuó insistentemente que cortara la parte de mi libro en la cual yo relataba ese hecho. Ahí estaba por fin el verdadero motivo por el cual mi libro había sido censurado totalmente.

Nuevamente la mentira, el engaño y la burla cruel que se hacía al pueblo de Cuba, al permitir que viudas, huérfanos y adoloridas madres, depositaran ofrendas florales en esos falsos monumentos, productos de nuestras propias bombas y que se atribuían al imperialismo yanqui, para exasperar a los pueblos del mundo. El asco y la repugnancia que tal procedimiento me produjo, se transformó en complejo de culpabilidad y complicidad. Decidí de ese instante, hacer lo inhumanamente posible para abandonar Cuba y contar al mundo LA VERDAD HISTÓRICA…

Por Jacques Lagas (Chileno, capitán del Ejército Rebelde, piloto de Combate de las FAR cubanas y Héroe de Playa Girón)

Varios personajes importantes de la revolución cubana que han roto con la dirigencia bolchevique no se fueron a Miami y siguieron fieles al ideario del Movimiento 26 de Julio. Entre ellos podemos mencionar a Carlos Franqui, quien rompió con el castrismo definitivamente en 1968, al oponerse a la invasión del Pacto de Varsovia sobre Checoslovaquia. A los 88 años, hoy vive exiliado en Puerto Rico.

 

El Ciudadano 26/Octubre/2009

 
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